Un buen jefe (a.k.a. una buena persona)

La actitud y el comportamiento de un jefe es esencial para el buen ambiente y la buena marcha de una empresa. He tenido muchos jefes durante toda mi vida y también me he cruzado con muchos que creían serlo. A mí también me han considerado jefe en ciertas ocasiones. Por circunstancias, hay quien se ha encontrado que un día le habían ascendido, y otros que, sin ascenderle, hacía las labores de un superior. No sabría decir cómo tiene que ser un buen jefe, eso se lo dejo a los expertos (así es un buen jefe), pero sí sabría detallar cómo son los malos jefes que me encontrado. Aquí os adjunto el listado de 10 tipologías de “buen jefe”:

1. El neandertal. El pleistoceno ya se acabó hace tiempo aunque este jefe piense que no es así. Frases célebres: “Si tienes algo que decir ahí tienes la puerta” o “como soy el jefe aquí se hace lo que yo digo”.

Los jefes

2. El gran hombre blanco: la abolición de la esclavitud es desconocida para este tipo de jefe. Él ordena y sus empleados obedecen que para eso es el jefe. ¿Liderazgo? Tonterías modernas. Lo que hace falta es mano dura que si no enseguida se suben a las barbas. Este tipo de jefe tiene una variante que es El gran hombre blanco “destroyer”. Odia a los moros pero los emplea para pagarles menos, desprecia a las mujeres pero se las tiraría a todas, es católico, apostólico y romano, pero está más tiempo en el prostíbulo que en su casa con su mujer y los niños, y claro, es Español.

3. El tres veces. Es tres veces mejor, tres veces más listo, tres veces más guapo y tres veces más rico que sus empleados. A estos yo les digo humildad, humildad, humildad. Y es que creo que muchos no saben lo que es la humildad. “¿Me entiendes?” es una de las frases más citadas por la tipología de jefe tres veces.

4. El mediocre. Si eres mediocre, el primer paso es admitirlo. Pero así no actúa nunca este tipo de jefe. Si ha llegado ahí por suerte, casualidad o por amiguismos no importa, va a defender su posición muera quien muera, con uñas y dientes, le cueste lo que le cueste. Muchas veces la mejor defensa es el ataque. Entra mordiendo a las reuniones, a la mínima que diga opine un compañero lo desprestigia y lo pisotea, y a sus empleados los humilla hasta anularlos. Tiene un superpoder: convierte al mejor profesional en el peor.

5. Ese señor que vive en el piso de arriba. Es inaccesible, no tiene tiempo para nada, si te dedica cinco minutos te está haciendo un favor, incluso a veces no sabes si existe o es un mito.

6. El premio Goya. Tiene actuaciones propias de un premio Goya cuando hace como que te escucha para llevarte a su terreno y después conseguir lo que quiere. Lo que suele llamarse manipulación. Dialogar con los compañeros de trabajo enriquece los resultados. No hay que tenerle miedo al diálogo, no se come a nadie, pero esto implica no solo dar la opinión sino escuchar la de los compañeros, y eso de escuchar no gusta.

7. El golum. Este tipo de jefe se guarda la información como si fuese su tesoro. Piensan que si comunica las noticias a sus empleados le van a quitar el puesto.

8. El tu la llevas: te reenvía todos los e-mails con la frase que tiene configurada por defecto en el outlook “tu lo miras y luego me cuentas”. Lo peor es que luego no te deja responder a los e-mails, ni enviar nada sin que pase por él, porque toda la empresa se daría cuenta de que es un intermediario con un sueldo de director. Incluso a veces te dice “mándame el e-mail ya preparado para reenviarlo”.

 9. El Señor del Olimpo: este tipo de jefe lo sabe todo, tiene experiencia ilimitada y nadie puede enseñarle nada a él, porque “según su experiencia…” las cosas son así y punto. La gracia (por llamarlo de alguna manera), es que no se sienta con sus empleados ni un minuto para transmitirle una minúscula parte de su gran sabiduría y sapiencia. ¿Por qué? Quien sabe. Su mente privilegiada es inaccesible e incomprensible para los mortales.

10. El coleguilla. Este tipo de jefe es amiguísimo del empleado. Le invita a unas cañas, a tomar copas, critica a los superiores y a los compañeros delante de empleados,… Como si fuese un compañero más. ¡Pero ay! Cuando viene la evaluación te echa en cara todo lo que le has confiado para no subirte el sueldo. Incluso te tira a la calle si en la fiesta de navidad de la empresa te fuiste demasiado de la lengua.

En la película Glengarry Glen Ross el jefe que viene de la central tiene un poco de cada uno de estos tipos de jefe.

¿Tú te has encontrado con alguna otra tipología de “buen jefe”?

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Quítale el collar al perro (a.k.a. nuevo paradigma)

Hace unos meses empecé a trabajar en una empresa donde nadie lleva traje. Parece una tontería pero yo llevo 12 años con la corbata y el traje a cuestas en el metro, en pleno agosto, llueva o nieve. La corbata, el yugo del capitalismo como dice un amigo :-) . En esta empresa nadie lleva corbata, lo que no significa que me haya librado del yugo. No hay escapatoria, está por todas partes, como Los pájaros de Hitckcock. Cómprate unas camisas de manga corta ahora que viene el verano y deja esas camisas de traje en el armario, que dan mucho calor. Eso me dicen mi madre y mi novia. Pero es el mismo perro con distinto collar.

Nuevo Paradigma

Nuevo Paradigma

No podemos salir de la situación en la que estamos si no le quitamos el collar al perro. Nos encontramos ante un nuevo paradigma social y económico. Los cambios de paradigma son positivos, sacan lo mejor (y lo peor) del mundo, te hacen plantearte qué es verdad y qué no lo es. Incluso te hacen plantearte qué es la verdad. Si sobrevives

sales reforzado, pero es cierto que no sobreviven todos, sólo salen adelante los que no se oponen al cambio, los que aceptan que algo está pasando, y reconocen que las reglas anteriores al cambio ya no sirven. Las reglas son nuevas y con ellas hay que jugar, y el que juega con las anteriores está fuera.

Las ideas alineadas con el nuevo paradigma son bienvenidas en esta situación. Ashoka y los emprendedores sociales es una de estas ideas. Los emprendedores sociales tienen los siguientes atributos: “una idea innovadora que produzca un cambio social significativo y una visión emprendedora a la hora de realizar sus proyectos“. Enhorabuena a todos ellos.

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Otra empresa es posible (a.k.a. otro mundo es posible)

Los inicios son difíciles eso está claro. Llevo unos cinco días pensando en como empezar el blog, posponiéndolo, cambiando la apariencia varias veces, añadiendo redes sociales en las que compartir, cambiando el tipo de letra, configurando el RSS. En realidad buscando excusas para no enfrentarme a la pantalla en blanco (versión postmoderna de la hoja en blanco). Por fin me he decido a afrontar el miedo, y aquí estoy intentando hacer una declaración de intenciones.

Cada día somos más los que creemos que otro mundo es posible y por eso yo también creo que otra empresa es posible.

Otra empresa es posible

¿Cuántas veces has oído estas frases? ¿Cuántas veces las has pensado o las has dicho (entono el mea culpa)?

“No llegamos a objetivos así que si hay que hacer horas se hacen, porque no somos una ONG”.

“Los de marketing son unos gilipollas”.

“Yo me voy a mi hora que no voy a heredar”.

“La cosa está muy mal. No puedo pagarte lo que te prometí. Además estamos recortando gastos”.

“Si el comercial piensa que esto va a seguir así pues se va a cagar a partir de ahora”.

“El jefe no tiene ni puta idea”.

“No hay recurso suficientes para ese proyecto. Necesito un recurso de 10 años de experiencia y que esté por debajo de treinta mil”.

“Llegamos al 10% de crecimiento este año aunque tengamos que meterles por el culo el producto a los clientes”.

“A mí lo que me digan, no me pagan por decidir. Para eso es están los de arriba”.

La empresa ideal sería una empresa en la que todo el mundo gane o todo el mundo pierda, y que para ganar yo no tengas que perder tú. Una empresa en que lo importante sean las personas no la cuenta de resultados. Una empresa en la que no reine la ley “o estás conmigo o estás contra mí”. Una empresa en la que todos seamos compañeros, no rivales. Una empresa en la que el fin no es crecer sino hacer las cosas bien. Una empresa en la que todos tengan nombre.

Soy consciente, el término medio no existe, pero en él está la virtud. Por eso creo que otra empresa es posible. No soy el único, hay muchos que también lo están pensando. Incluso algunos lo han llevado a cabo con éxito como Yvon Couinard con su empresa Patagonia, tal como lo explica en su libro Que mi gente se vaya a hacer surf: Patagonia, otra empresa es posible. ¿Y tú lo piensas?

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